El embarazo había cursado muy bien. Pero poco antes del momento del
parto aparecieron problemas. La madre sufrió una complicación llamada
eclampsia. Desarrolla hipertensión arterial y accidente
cerebrovascular. Esta enfermedad se atribuye a incompatibilidad entre
el tejido materno y el fetal, en la placenta. Puede cursar además con
problemas hepáticos, renales y hematológicos. Se realizó una cesárea y
el niño nació sano. Pero la madre quedó en coma y fué trasladada a
la unidad de terapia intensiva. Al día siguiente estaba consciente, pero
no podía hablar, afectada por un problema llamado afasia de expresión.
Cada vez que alguien se acercaba a ella mostraba mucha inquietud y con
la mímica y desplazamientos de la mitad del cuerpo que movía
normalmente, parecía querer decir algo. Todo esto era especialmente
intenso cuando yo me acercaba para examinarla o hacer algún control. Algo
quería decir o preguntar. Al día siguiente se me ocurrió que a lo mejor
necesitaba saber cómo estaba su hijo. Le expliqué que todos los días
venía su esposo a preguntar por ella, que su familia estaba bien y que
su hijo varón está sano. Nunca olvidare su sonrisa.
Meses después me avisaron que en la sala de espera había un matrimonio con
un bebé, y que pedían hablar conmigo. Era ella, esa madre. Llorando me
abrazan.


