Escrito de Lía Ricón
LA ANCIANIDAD Y EL AMOR
Lía Ricón
Empecemos por preguntarnos a que amor nos referimos y que es el amor, volviendo a Spinoza, que tipo de afección es esto a lo que llamamos de este modo.
Las definiciones son siempre de utilidad, no para seguirlas, sino para pensar sobre el tema y reformular el concepto a partir de nuestras experiencias que siempre son singulares e intransferibles.
La que primero aprendí en mi pasado religioso, fue la del apostol Pablo en la epistola a los Corintios:
Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Ya podría yo tener el don de la profecía y conocer todos los misterios y toda la ciencia, o poseer una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. Ya podría yo repartir todos mis bienes, e incluso entregar mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha. La caridad es paciente, es bondadosa, la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa ni orgullosa; es decorosa; no busca su interés, no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.
La caridad no acabará nunca; en cambio desaparecerán las profecías, cesarán las lenguas y desaparecerá la ciencia. En realidad, nuestra ciencia es parcial, y parcial nuestra profecía; pero cuando venga lo perfecto, desaparecerá lo parcial. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño. Ahora vemos como en espejo, de forma borrosa; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré tal como soy conocido.
Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres realidades. Pero la mayor de todas ellas es la caridad.´[1]
Leonardo de Vinci, siglos más adelante, plantea el amor con otras características y sobre todo sobre otra base. Dice:
El amor a un objeto, cualquiera que sea, es hijo de su conocimiento. El amor es tanto más ferviente cuanto más cierto es el conocimiento; pero la certidumbre nace del conocimiento integral de todas las partes, que reunidas forman el todo que debe ser amado. Si no conoces a Dios, no podrás amarlo; si lo amas por el bien que de Él esperas y no por su virtud soberana, imitas al perro que menea la cola y festeja con sus saltos a quien le va a dar un hueso; si el animal conociera la superioridad del hombre, lo amaría mejor.[2]
Como dije, estas definiciones pueden ir siendo útiles para repensar que entendemos por amor, antes de saber que ubicación tiene en el tiempo de vida al que me estoy refiriendo.
Leonardo habla de relación a un objeto, los psicoanalistas hablamos de relación de objeto para describir el modo de relación del sujeto con su mundo, como resultado de una cierta organización de la personalidad que incluye los tipos de defensa que se estén implementando. En este sentido, el amor, es un tipo de relación con un objeto externo que está fuertemente cargada de todo lo que cada quien proyecta en el otro. Así sabemos que la proyección masiva, narcisista de aspectos propios es lo que está presente en el enamoramiento que podemos entender como una relación de objeto parcial, con toda la gratificación y los riesgos que esto implica, cuando se van desmenuzando las proyecciones a través del entendimiento y nos quedan aspectos más objetivos del otro.
Indispensable mencionar lo que va por cuenta de la atracción física, que está más en relación con ese enamoramiento que se establece como una relación de objeto parcial. ¿Esto será amor? Lo sienten igual los animales, por lo que vemos. ¿Podemos decir que los animales están enamorados? El lenguaje corriente tiene diversos modos de nombrar las sensaciones y sentimientos subyacentes a estas conductas. Se los entiende habitualmente como superficiales, me parece que por una subestima del cuerpo anáto-fisiológico que está tan fuertemente implicado.
Volviendo a las definiciones, el amor será este sufrido y benigno que no hace sinrazón, que todo lo cree y que todo lo soporta que nos describe Pablo? ¿Será ese impulso desenfrenado del padrillo que somete a la hembra? ¿Será lo que se llamó el amor cortés? ¿Será el amor romántico? ¿Será el dicho amor a Dios presente tanto en Corintios como en la definición de Leonardo? ¿Será algo distinto? ¿Será todo esto al mismo tiempo? ¿Será ese amor que no espera ser amado que menciona Spinoza con respecto a Dios?[3]
Creo que pasa como con la respuesta que dio Agustín de Tagaste sobre el tiempo. Todos sabemos, o creemos saber lo que es, pero no damos con la respuesta adecuada si queremos definirlo.
¿Cuáles de estos amores, o de estas modalidades están en el tiempo de vida al que nos estamos refiriendo? ¿Cuáles son los cambios que los años vividos van imponiendo al amor?
Se tiende a pensar que en la vejez todo se apaga, que el amor como un fuego es patrimonio de los años mozos, que solo quedan los recuerdos .Creo en primer lugar que es bueno que también queden los recuerdos. El amor existe con mucha fuerza en esta tercera o cuarta edad. El enamoramiento es tan intenso como en la adolescencia. Para quien se anima a sentir las pasiones aunque no puedan efectivizarse, todo es igual. En mi práctica insisto para que el estado de enamoramiento que tantas gratificaciones produce, pueda ser aceptado, aunque sea como los que se experimentaron en la adolescencia con respecto a ídolos de la pantalla o de la canción. Si en esa edad se pueden disfrutar, ¿ porqué ahora no? La copla española viene en mi ayuda: Mejor es sufrir pasión y dolores que estar sin amores. Es vida perdida vivir sin amar, y mas es que vida, saberla emplear.
Hay desarrollos freudianos sobre el amor con los que disiento y son los que hablan de un empobrecimiento del yo del enamorado. La hipótesis es que se deposita en el otro partes, aspectos de uno mismo. Esto no es así, en tanto lo que se deposita se sigue disfrutando. El amor enriquece, tiñe todas las percepciones y les da un toque de felicidad, de eso que es puntual y evanescente y que tenemos que poder aprovechar en todas las circunstancias que se nos presenten.
El amor no se puede ocultar dice un dicho de campo, es como el melón, huele. Esto quiere decir que irradia, que no queda encapsulado en si mismo. Tal vez el odio o la agresión se puede disimular más. El amor, cualquiera que sea, ilumina, el amor es también el entusiasmo, el impulso a desarrollar proyectos, la alegría de vivir y compartir. Nada de esto se pierde con los años.
Recuerdo el relato de una mujer que más de 70 años que mencionaba esa sensación de casi dolor que produce tanto la experiencia estética como la atracción sexual. Estaba feliz por haberse animado a experimentarla, sin ninguna posibilidad de que se efectivizase. Este aspecto de una relación, tanto como las fantasías tienen un lugar que puede mantenerse con su cuota de gratificación aunque el entendimiento nos haga saber y actuar en términos de prescindir de la imposible realización.
Este relato como varios que he recibido en mi práctica, me son comprensibles, obviamente porque yo soy también capaz de experimentarlos y de disfrutarlos.
Volviendo a las definiciones, Pablo es muy claro cuando describe el amor como aquel sentimiento que no hace sinrazón, que no busca lo suyo, etc. Esto para enfatizar que los celos no son parte del amor, no tienen relación con el amor sino con la necesidad de posesión y el narcisismo. Lamentablemente esta posibilidad no se pierde con la vejez y se observan ataques violentos de celos en las relaciones de todo tipo.
La mención de relaciones de todo tipo me abre la puerta para hacer pasar aspectos del amor que afortunadamente están pudiendo ser visualizados y aceptados en nuestra sociedad actual, por una vez, por suerte globalizada. Me refiero a las diversidades sexuales que permiten la libertad y la apertura que en otras épocas no tuvimos.
La diversidad sexual tiene larga data, lo que es reciente es que los medios estén intentando que la aceptación de las diversidades sea una realidad.
Una primera pregunta sobre el tema es interrogarnos sobre si la diversidad sexual surgió como desviación o estuvo desde el principio de los tiempos
Lo primero es decidir si somos creacionistas o aceptamos la evolución. La primera opción autoriza la creencia en la diversidad como desviación, como pecado, como enfermedad, como una condición que hay que intentar ya sea castigar y penalizar o curar. No es la posición de quien escribe este texto.
Lamentablemente seguimos regidos por la heteronormatividad impuesta por los relatos míticos de las religiones del libro. Voy a mencionar el que está más al alcance de todos en la Biblia, texto judeo-cristiano que podemos consultar fácilmente.
El relato bíblico de la creación dice: “Varón y hembra los crió” y también les dijo “creced y multiplicaos”. Mi fantasía supone que la comunidad debía estar estableciendo gratificaciones sexuales sin discriminación y además no teniendo en cuenta la necesidad de incrementar la población. El sabio profeta, el que fuese, “escuchó la voz de Dios y decidió que debía terminar tanta dispersión y diversidad. Así es como, a partir de este relato la sexualidad quedó unida a la reproducción. Esta situación está ilustrada por disposiciones también bíblicas sobre los tiempos en los que se debe realizar la relación sexual. Esto es únicamente en el tiempo fértil de la mujer. Aunque en la actualidad y creo que en la antigüedad tampoco debe haber sido tan respetada esta norma, nos queda sin embargo el rechazo de erotismos que no conllevan la posibilidad de reproducción. Me refiero especialmente a las noticias que señalan repetidamente como objetable el sexo oral. Queda así puesta en tela de juicio toda relación de pura gratificación sexual sin posibilidad de procreación.
Para los psicoanalistas no está lejos la época en la que se consideraba “normal” solamente el orgasmo vaginal. Esto hizo decir a Baranger en un seminario que esto era absurdo en un mundo superpoblado. También es absurdo si sabemos sobre la pobre inervación de la vagina.
Aparecen luego las racionalizaciones dichas morales con respecto a la fidelidad y también a la transmisión de enfermedades. Son argumentaciones que caen con facilidad si pensamos al homo sapiens como un punto en la evolución. Este momento los estudios sobre mosaicismo quimerismo y otras situaciones genéticas, abren la posibilidad a hipótesis que permitirían entender desde otro lugar condiciones como el transexualismo y el bisexualismo especialmente.
Mi insistencia en incluir este tema apunta a esclarecer un punto de vista teórico. Entiendo que para quienes tienen una identidad religiosa fuerte se hace difícil aceptar lo que estoy diciendo : “ no hay dos sexos, sino dos polos y todo lo que conlleva esta afirmación”. El cerebro es en su comienzo femenino y son las hormonas masculinas quienes lo masculinizan. El cuerpo y el cerebro tienen procesos distintos en lo que hace a la masculinización por lo que son posibles los desfasajes.
El hombre no fue creado. Su estado actual se fue organizando a lo largo de la evolución. Me parece muy importante no perder de vista que el homo sapiens está en un punto de su evolución, sin duda van a seguirse operando cambios que no sabemos adonde llegarán. Puede ser que desaparezcamos como el hombre de Neanthertal. Puede ser que haya un superhombre como ya lo han imaginado filósofos y que ese nuevo ser surja como consecuencia del concierto de múltiples factores, entendidos en términos de la causalidad rizomática y del pensamiento complejo. Podría ser que una mutación nos diera un encéfalo distinto, ya lo he mencionado otra vez en el terreno de la ciencia ficción, repito, que una mutación nos diera un encéfalo con un centro que frenara la ambición así como hay un centro que frena la hormona de crecimiento[i][4].
Además de las consideraciones que anteceden, referidas a datos históricos y de la biología, me importa hacer un comentario sobre el concepto de identidad, que tanto utilizamos los psicoterapeutas. especialmente referido, en lo patológico a las esturcturasborderline.
Hago una aclaración previa sobre el tema referido a estas personalidades. A lo que nos referimos cuando hablamos de patología de la identidad es a que tienen una especie de tela remendada que no permite una acción definida, ni el mantenimiento de una actividad, ya que como se puede observar en casi todos los casos, cambian de un quehacer a otro. Pueden tener éxitos en un área de pensamiento o del arte o de la administración que después dejan porque se desinteresan. Esto es lo que impide aunar esfuerzos y recoger gratificaciones a través de la pertenencia a un ámbito que supuestamente fue elegido por vocación. En este sentido es necesario que en la vida de cada persona existan algunas ideas o conceptos que aunque puedan cambiarse a lo largo del tiempo, hayan tenido la posibilidad de cierta elaboración que permita sean tenidas en cuenta cuando se deciden acciones que tiendan a un fin. No me pasa inadvertida la inconsistencia de este límite. En un texto anterior propuse la coherencia como una característica presente en quienes sean considerados como poseedores de salud mental. Hoy me parece que no es así, hay quienes tienen coherencia y no son saludables y la recíproca también es válida.
Las identidades que resultan deletéreas son las que se rígidifican y aparecen como inamovibles Estas son fuertemente patológicas no solo para quien las posee sino también para el entorno. Pensemos a que lleva la identidad nacional fuertemente establecida, la identidad religiosa, la identidad de género, cuando se muestran como inmodificables. Los ejemplos de la historia son ostensibles y lamentables. Los nacionalismos llevaron a las dictaduras, como la de Hitler, la de Stalin y tantas otras, incluidas las latinoamericanas. La pertenencia inamovible a una fe religiosa como la única y verdadera posibilitó las cruzadas, la Inquisición, el fundamentalismo musulman y otras que tal vez son menos conocidas. La fuerte identidad de género, que estima como pecaminoso o enfermo cualquier desvío es la que estamos soportando hoy en forma de marginalización, patologización, discriminación de quienes no cumplen con el mandato del relato mítico de la creación, que menciono porque es el que tengo a mano escrito en el libro judeo-cristiano, pero que no es el único.
Lo dicho para tener desconfianza de estas identidades tan firmes. ¿Qué será entonces la identidad? Parece como una enorme gelatina o masa informe con un punto tipo clinamenlucreciano que se desplaza haciéndose inasible. Lo peor es que tenemos que arrastrarla como una pesada bolsa. Yo no sé hoy que pensé, que me parecieron, una cantidad enorme de libros que devoré en mi adolescencia. Tendría que leerlos a todos de nuevo. Era tan antigua cuando era adolescente, que tal vez ni me reconozco racionalmente. Sin embargo creo que preservo las sensaciones, lo que en términos de las Neurociencias sería mi memoria emocional, la otra la de los hechos concretos, la explícita, se destruye con las sustancias que produce el stress. Todos sabemos que conservamos esas sensaciones que Proust[5] inmortaliza en la “madeleine empapada en te”.
Lo dicho para aceptar esta identidad de memoria emotiva, límbica, inasible, incómoda cuando queremos hablar de ella
¿Que nos corresponde como psicoterapeutas? En primer lugar no creer que la única posibilidad de género es la que está planteada por las religiones. Esto implica respetar muy definidamente las múltiples posibilidades de elección de rasgos que permitan adscribir a un género o a ninguno. Esto último es lo que resulta más difícil para nuestra cultura.
En fundamental tener clara esta posición para ayudar a quien quiera adoptar una característica de género y se vea forzado por el medio a aceptar otra. No sabemos si el género es solo un constructo social o si aun siéndolo está organizado sobre estructuras físicas, hormonales, nerviosas o lo que sea. No sabemos que hace que un niño o niña transexual se plantee tan tempranamente su pertenencia a un género.
La desterritorialización [6]del género ya bastante bien planteada por los fiósofos y observada por los psicoterapeutas y médicos en general, no implica que esta es la ley, caeríamos en la misma rigidez que estamos criticando. La adopción de un género con mayor o menor cantidad de las características que son impuestas por el imaginario social quiere decir esto, la libertad de elección. Como profesionales de la salud, solo tenemos que investigar si estas características elegidas o la vivencia de atracción por el otro, por el mismo o por ambos sexos, es egosintónica y auténtica. El resto no es nuestro asunto. El mayor “pecado” sería inducir una orientación o la adopción de un rasgo impuesto por el medio y no deseado por quien lo muestra.
Esto es particularmente pertinente para terapeutas de niños o de adolescentes, pero los terapeutas de adultos, también tenemos situaciones en las que es indispensable tener incorporado este respeto.
A continuación van algunos comentarios sobre las situaciones particulares tomando como base casos clínicos, algunos de mi práctica y otros de supervisados y otros colegas que me transmitieron su experiencia.
La heterosexualidad: Podría suponerse que al ser la orientación aceptada socialmente y aparentemente mayoritaria, no hay nada que decir. Además la reproducción del homo sapiens es sexuada y no división mitótica como la celular que divide cada individuo en otros dos iguales. Oimos frases como: “… esa es la naturaleza” [7] Sin embargo si la consideramos como una variedad más de la diversidad, es importante y en muchas más situaciones de las que aparecen registradas, tener en cuenta cuando es impuesta por la familia o el grupo de pertenencia. En estos casos como psicoterapeutas podemos ayudar a que cada cual encuentre la situación en la que tenga más posibilidades de mayor gratificación general. Me refiero a evaluar cuanto puede ser útil para un joven explicitar su orientación cuando esta va a ser objetada por su grupo y esto le significará un distanciamiento con la familia a la que puede estar unido por diversos tipos de vínculos. Es también importante tener en cuenta cuando interés en descendencia tiene la persona que estamos tratando. Esta es una posibilidad que a la altura actual del desarrollo técnico es más fácil y posible a través de la unión heterosexual.
La homosexualidad: Esta condición es conocida desde los tiempos antiguos, de modo que si se entiende lo que antecede, no hay mucho más que decir en relación al tema de este texto. Cabe mencionar que si no se hubiera establecido la heteronormatividad especialmente a través de las religiones del libro, tendríamos menos problemas. Hay sin embargo en los tiempos actuales un aspecto mencionable. En mi experiencia he tenido que ayudar a jóvenes con una fuerte prevalencia de elección heterosexual a hacerse cargo de esta condición y no ceder a requerimientos de personajes, superiores organigramáticamente en sus trabajos que intentan convencerlos de una homosexualidad que no era su auténtica prioritaria inclinación. Recuerdo particularmente algo que dije en medio de sesiones en las que analizábamos su situación: “Si usted siente con suficiente claridad e intensidad que usted es homosexual, siga esta relación con su jefe, si no lo es, piense cuanto se afecta su aunotomía al aceptar una relación que no es auténtica”. Concomitantemente estaba interesado en una joven con edad más próxima a quien no atendía porque su jefe mayor le insistía en su error al sentirse heterosexual. Es obvio que aquí no se trata de la orientación sexual sino de la autonomía avasallada. Se podría suponer que este joven era bisexual, si es válido tenerlo en cuenta.. No es lo que supe de él, después de muchos años.
Es importante mencionar a quienes han aceptado la condición homosexual en un medio hostil como fue el chileno Pedro Segundo Mardones Lemebel, escritor chileno nacido en 1955, con vasta producción y hermosos textos especialmente críticos al autoritarismo quien circula con su vestimenta femenina y se hace llamar Don Pedro.
La bisexualididad: El imaginario social, toma el ejercicio de la bisexualidad, en general, como una especie de gula, de exageración. No es así, la observación desprejuiciada que cada cual debe hacer de si mismo puede permitir descubrir que la atracción sexual es muy abarcativa y no se detiene por la orientación sexual del otro, ni por la que prioritariamente cada cual ejercita. Lo que si importa tener en cuenta como en lo dicho sobre homosexualidad, es cuanto, especialmente en este tiempo, puede haber de forzado en la aceptación de requerimientos de personas de un sexo y otro. Desde esta perspectiva lo que estoy defendiendo es la posibilidad de fidelidad a si mismo y de autenticidad. Menciono como caso ilustrativo el de una joven de 32 años de práctica homosexual desde sus primeros contactos que mantuvo oculta para no perder a su familia de origen. En circunstancias en las que se jugaban situaciones económicas y sociales, pensó muy seriamente en dejar su ya antigua pareja homosexual para complacer a su familia y no ser desheredada. Estas condiciones no son suficientes para que se renuncie a la satisfacción de todo tipo que da a esta joven su pareja homosexual.
La transexualidad: Esta situación es para mí la más conflictiva. En primer lugar no tenemos claro cómo es que ocurre y se da en menor número de personas que la hetero, la homo y la bisexualidad. Esta condición es llamada síndrome de Harry Benjamin y no debe incluirse como patología. Los estudios genéticos sobre quimerismo alentaron una hipótesis fuerte sobre la posibilidad de ocurrencia de esta situación. Lo que sigue siendo poco claro es porque tan tempranamente estas personas tienen la vivencia tan claramente expresada de sentirse en un cuerpo equivocado. ¿El cerebro como órgano tiene un genoma y el resto del cuerpo otro? Por el momento esta es más vale la ilusión positivista de encontrar una causa que de todos modos no serviría de mucho en lo que hace a solucionar la problemática. Pero no se explica la vivencia temprana y después la necesidad de incrementar los rasgos del género correspondiente a la vivencia y no a los genitales.
Las hormonizaciones indiscriminadas y las dirigidas por los especialistas y también las mutilaciones aunque la respuesta que se obtiene es la un gran alivio al perder órganos que no sienten como acordes a su totalidad como personas, de todos modos implican riesgo. No son inocuas. Mi pregunta desde no tener ninguna vivencia próxima para poder hacerme cargo de lo que sienten estas personas es: ¿No pueden ser mujeres con pene u hombres con vagina? Hay ejemplos muy ilustrativos de transexuales que no se han hormonizado ni se han mutilado y ejercen la condición del género elegido sin preocuparse. Me pregunto cuanto cuenta la presión social definida por el criterio heteronormativo. Lo único que importa es que se consideren en un nivel de igualdad todas las diversidades, e insisto la heterosexualidad es también un caso dentro de la diversidad.
Cabe mencionar que los transexuales están fuertemente decididos por un género al que alcanzan con las hormonizaciones y reasignaciones. No adscriben a una desterritorialización del género. Para algunos autores la transexualidad es tratar de tener una sexualidad ¨en tránsito¨. En realidad no sabemos, pero no tenemos ningún derecho a imponer con el verticalismo y el ejercicio de una verticalidad esclavizante nuestro punto de vista. Así se dieron por mucho tiempo las asignaciones de sexo en el nacimiento que obvio fueron a sexo femenino porque es más fácil estructurar una vagina que un pene.
El travestismo: Esta es la situación más placentera e inocua. Se me ocurre que no hay mucho que decir, salvo lo ya planteado considerando que no se trata de patología, sino de modalidades de la singularidad.
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Una última consideración es alertar especialmente a los psicoterapeutas sobre lo difícil que es verse libre de los prejuicios incorporados a través de la educación cuando se ha vivido infancia y adolescencia en una sociedad heteronormativa. Aparece la idea de considerar una sexualidad aceptada por el medio como más “simple”, “menos conflictiva” entre otros tantos epítetos. Hay que evaluar si la persona que nos consulta prefiere esta condición o está dispuesta a asumir los riesgos de reconocerse más allá de las imposiciones del imaginario social.
Termino con un ejemplo de mis propios prejuicios. Veía una conocida película sobre un matrimonio igualitario de mujeres con dos hijos. Los niños había sido engendrados con semen de un banco y pertenecían al mismo donante. Los hijos adolescentes buscan al padre biológico ( como si el psiquismo no fuera biológico) y este se acerca a la familia. Empieza un intento de relación con una de las madres y me sorprendo identificada totalmente con la relación heterosexual, deseando que este vínculo prospere en detrimento del otro que es más fuerte y más importante. Esto último está planteado en el film cuando una de las madres, dice que esta es una familia y que como tal debe mantenerse.
Todos estos amores son posibles en la vejez. Hay muchas personas que tienen la valentía de mostrarse en esta condición y en buena hora. Me permito un relato de mi experiencia en un congreso al que fui invitada para hablar del tema. En ciudad del interior de la provincia, me preparé para ser convincente y acercar al auditorio la necesidad de aceptación de la diversidad sexual. La reunión empezó con la proyección de una película en la que alguien perteneciente a la comunidad en la que estaba desarrollándose el congreso, había elegido una relación homosexual aun estando ya en un matrimonio heterosexual con hijos. La Sra. estaba en la concurrencia, acompañada por su compañera actual, porque la primera había muerto y estaban también dos de sus hijas. Sin comentarios. Aprendí muchísimo.
Quiero agregar un tema que no tengo aun pensado totalmente que será un trabajo sobre los aspectos míticos de a sexualidad en general. Se trata de estudiar el envilecimiento que los relatos míticos religiosos especialmente el judeo-cristiano han hecho de la pureza de la sexualidad. Nuestra estructura mítica supone que esa realidad ideal que ya hemos esbozado, que no es bíblica, nos lleva a tratar de meter en un molde el tipo de vínculo emocional que produce distintos placeres, que después de tantas prohibiciones nos lleva a no poder entender que la vivencia religiosa o atea de la experiencia mìstica, es una forma de orgasmo en la que no intervinieron ni el clítoris ni el pene, ni los pezones, ni… ni… ni… Ya se que estoy excomulgada, pero no me importa.
Tal vez a esto nos lleva no poder unificar el orgasmo como la culminación de una vivencia intensa no solo producida por el vínculo genital sino por experiencias que si bien pueden empezar en el cuerpo, también se dan de un modo indiviso en esto único que somos que es un cuerpo que tiene a la dicha ¨alma¨, ¨espíritu¨…acorde como el de un arpa como algo que surge de este cuerpo y adquiere una entidad que tiene una denominación corporal, el orgasmo, pero también es el éxtasis de la conexión con el Dios de los cristianos o la totalidad indivisa de la sustancia spinoziana (Recordar la estatua de Teresa de Ávila de Bernini). Me permito el humor de decir desde mi condición de atea. Si eso es el éxtasis, ¨compro¨.
[1] 1 Corintios 13
[2] Leonardo de Vinci
[3] Poema de Borges: Baruch Spinoza. Bruma de oro, el occidente aclara/ La ventana. El asiduo manuscrito/ Aguarda, ya cargado de infinito./ Alguien construye a Dios en la penumbra. Un hombre engendra a Dios. Es un judío/ De ojos tristes y piel cetrina;/ Lo lleva el tiempo como lleva el río/Una hoja en el agua que declina. No importa. El hechicero insiste y labra/ A dios con geometría delicada;/ Desde su enfermedad, desde su nada/ Sigue erigiendo a Dios con su palabra. El más pródigo amor le fue otorgado,/ El amor que no espera ser amado.
[4] Recordemos el ejemplo de ese hermoso animal resultado de la unión de un león y un tigre que no hereda el gen inhibidor de la hormona de crecimiento y alcanza dimensiones que su estructura ósea no puede soportar y muere como consecuencia.
[5] Proust M. “A la recherche du temps perdu” . (Du coté de chez Swan). Bibliotèque La Pleiade. Gallimard. Paris. 1966
[6] Shérer R. Miradas sobre Deleuze”. Cap. 7. Una vía no-platónica de la verdad. La homosexualidad. Buenos Aires. 2011
[7]Quiero enfatizar que “la naturaleza” en este contexto es solo una versión atea del dios monoteísta de las religiones del libro.
CONCLUSIONES
Los progresos de la técnica han convertido a la ancianidad en un período de la vida, distinto a como lo vivieron nuestros abuelos. Vivir tanto tiempo aunque en estado de salud tiene sus vicisitudes, como dice el título de estas reflexiones.
La idea antigua de suponer el fin de la vida útil o placentera cuando termina el período reproductivo, está perimida. Viene a cuento el comentario de un ministro religioso que hizo un comentario referido a las lindas mujeres que se veían pasar desde el lugar en el que estaba charlando con un amigo. Éste le pregunta asombrado como es que dice tales cosas. El ministro religioso sabiamente, le dice: “Aunque no puedas comer, no está prohibido, ni es pecado, mirar el menú”. Este mínimo relato apunta a no privarse de ningún sentimiento, aunque no pueda efectivizarse. Esto, ya por fuera de lo religioso, no solo con respecto al amor, sino a todo lo que sentimos. Los pensamientos que se piensan y los afectos que se experimentan no deben estar sujetos a ninguna represión. La represión a este nivel, solo empobrece.
Volviendo a recordar lo de La Rochefoucault, no tenemos experiencia para vivir este período como no la tuvimos nunca. Así que vivamos mientras está la vida. Cuando esté la muerte, nosotros ya nos habremos ido.
Espero que este pequeño texto sea de utilidad tanto a psicoterapeutas como a médicos generales, médicos de familia y mis coetáneos que puedan leer estas páginas en las que, como ya dije, se mezcla mi vida y el ejercicio profesional.



