Mucho se habla de la prevención de enfermedades cardiovasculares y no sólo se habla, la aplicación de medidas correctoras adecuadas produce beneficios mensurables en la calidad de vida y en la extensión de la misma.
Pero lo habitual es que el reconocimiento de factores de riesgo y su tratamiento suele encararse sólo en personas mayores. Y ocurre que anormalidades clínicas y metabólicas que ocurren en jóvenes influyen en el futuro de esas personas. Un ejemplo es la mayor frecuencia de diabetes con el transcurso de los años en jóvenes obesos.
Los beneficios de la vida saludable y la corrección de problemas metabólicas exceden el evitar o minimizar la incidencia de enfermedades cardiovasculares. Entre los ejemplos está que la frecuencia de las neoplasias en general aumentan en la obesidad, aunque sea de manera leve. Pues bien, surgen evidencias de que esa medidas- control de la presión arterial, peso adecuado ,niveles de colesterol y triglicéridos adecuados, evitar el sedentarismo- benefician en mucho más que la salud cardiovascular. Ejemplos: la enfermedad de Alzheimer y muchas más. La glucemia y el colesterol elevados en personas de 35 años ha mostrado relación directa con la aparición ulterior de Alzheimer. Aclaremos que al hablar del colesterol transportado por ciertas moléculas, el denominado colesterol HDL-popularmente conocido como “bueno”- merece un comentario. Al ver una cifra de colesterol toial alto siempre hay que deducir de ésta el HDL, su nivel adecuado es protector de eventos cardiovasculares, metabólicos y … de la enfermedad de Alzheimer. A la inversa un nivel bajo del mismo es un factor de riesgo independientes para padecer esos males.
Así como vacunamos a los niños para evitar enfermedades, pensemos que desde edades más tempranas de lo que se creía muchas medidas preventivas tiene un alto impacto



