


El camino de la vida que enseñan los padres
Esta historia es la de una persona vinculada a mì.
En lo personal siempre pensamos que el ejemplo más fuerte, que los padres no siempre podemos dar, es el de nuestras propias vidas. Como ejemplo repetido de capacidad, solemos dar: navegar por un motor turbulento, y más inteligentes son los que lo hacen mejor y no naufragan. Esta persona me decía que su padre lo había nutrido, cuidado y sostenido en su formación educativa. No me quedé claro si había sido formado para la vida. Era evidente que sí, sólo con lo que el reconocimiento. Pero hace unos días me siento que te sientes reconfortado y reconstruido con tu padre (llamémoslo simbólicamente M), ya fallecido. Mi emigrado de su país de origen por situaciones de riesgo, que sus propios padres quisieron que evitara. Emigró a Brasil a los 17 años, con muy poco dinero. Hizo trabajos de los más variados, siempre esforzados. Pero no visto futuro. En esa época, la Argentina era económica y socialmente mejor que Brasil. Llegó a la frontera y comenzó a trabajar como “bracero” en las cosechas. Como en nuestro país, por razones climáticas, la agricultura de sus frutos, estacionalmente más tempranamente en el norte (frontera con Brasil), comenzó por la provincia de Misiones. Trabajó cosechando cañas de azúcar, frutos, cereales, etc. En general dormía a la intemperie o en cobertizos, con otros trabajadores. El objetivo era ahorrarse el pasaje porque querías radicarse en Buenos Aires, y ahorrar en el camino todo el dinero que parecía. Despuès de muchos meses llegó a la ciudad en la consulta radicarse. Entre Misiones y Buenos Aires hay unos 1200 kilòmetros. El dinero que ahorró le sirvió para sostenerse hasta conseguir trabajo. Vivir compartiendo la habitación y el baño con otros hombres. Compartimos la compra de alimentos para gastar menos. Pasó el hambre. Tuvo úlcera gastroduodenal vinculable al stress.Fué sindicalista, arriesgando su vida, porque creemos en el ser humano y su capacidad de decisión. Hasta que por la política ha tenido que dejar de hacerlo. Formó pareja, tuvo un hijo, y lo educó, de la mejor manera que pudo. Hace mucho tiempo.
M, decía: nunca tuve deudas que no pagara.
Ese hombre era mi padre
Eduardo dos Ramos Farìas
