Me llevó a pensar en escribir estas líneas , algo leído en el libro «Mamá y el sentido de la vida» , de Irvin Yalom, prestigioso psiquiatra. Al opinar sobre el tema que nos ocupa,dice,entre otras cosas: «Algunos planes de salud requieren que el terapeuta siga un plan prescripto para el curso de la terapia, a veces hasta una nómina de ítems a ser cubiertos en cada una de las sesiones permitidas. Los ejecutivos de la atención de la salud, ávidos de ganancias, y sus mal aconsejados asesores profesionales dan por sentado que la terapia exitosa es una función de la información obtenida o impartida antes que el resultado de la relación entre paciente y terapeuta.Este es un error deplorable».Un ejemplo cotidiano es la atención de un inadecuado número de pacientes por hora, para que con los magros honorarios que por cada uno se percibe, los profesionales puedan vivir.
La escasa vocación de servicio de ciertos profesionales hace que algunos prioricen su interés por sobre el dolor o la preocupación ajena. Esta falla eventual es común en nuestra especie, y los médicos no somos una excepción .Pero NO es perdonable. Sabemos que la sociedad humana no es precisamente justa ni perfecta. Puede llegar a un no tan sutil canibalismo, movida por intereses y sin límites morales. Y además las personas suelen consultar por el medio que le resulta más cómodo y/o económico; en ese caso no valoran la compleja formación que se requiere para ser un buen profesional. Se me ocurre que cuando la gente reconoce buena voluntad, interés, honestidad , afecto en el profesional consultado, lo valore y lo siga. Sin dejar de lado el espíritu crítico.
Hace ya años que en Estados Unidos los médicos que publican sus investigaciones o dan conferencias sobre ellas , deben aclarar si el estudio está financiado por alguna empresa. Es algo, no alcanza. Las investigaciones de nuevos tratamientos es efectuada sólo si el posible resultado es económicamente muy favorable.La inversión en investigación para enfermedades poco comunes, es escasa o nula. Suele ocurrir que para estas enfermedades menos frecuentes, los beneficios surjan por el uso de técnicas o fármacos que se idearon para un problema más común. Un producto que hace muchos años se utilizaba para la hipertensión arterial, con el tiempo se descubrió que era útil para tratar una forma de litiasis renal especialmente agresiva, que suele llevar a intervenciones quirúrgicas y a la pérdida de función. Pero se da en menos del 1% delos enfermos de cálculos urinarios.No está a la venta en nuestro país. Me entero que un laboratorio lo tiene en su vademecum. Llamo y me piden que haga una estimación ( y se las envíe por escrito) de la población total en Argentina que lo necesitará.Apoyado en estadísticas, estimo entonces que se beneficiarán unas 3000 personas. Responden que no les interesa. Por suerte este producto existe en Uruguay y Brasil, donde se usa como tratamiento poco costoso de la hipertensión. En situaciones como ésta, es donde no dudo que la sociedad a través del estado nacional, debería intervenir.
Eduardo dos Ramos Farías-4826 1923



