

La primera imagen correspone a un Gingko Bilova en otoño.Es la especie viva màs antigua del planeta.
La segunda es simplemente una toma de àrboles,donde se «juega» con luces y sombras.Por què la sombra suele asociarse a la ancianidad? Mentes brillantes produjeron lo mejor de sì cuando ya eran ancianos.Y puede decirse mucho màs
Esteban Lubochiner, una persona muy querida por mí, publicó en Facebook el texto que reproducimos abajo.
Me parece realista y conmovedor. Tengo la sensación de haberlo leído antes. Pensé, conocido o no merece divulgarse. Gracias Esteban.
Si uno piensa que respetar y querer a una persona con limitaciones tan importantes, que ( en general sin que nos demos cuenta) nos trae angustia verlas envejecidas y más próximas a la muerte. O, quizá fantaseando un poco, nos hace ver no sólo lo frágiles que somos ahora, sino cuanto lo hemos sido: hemos necesitado de esos ancianos para cuestiones elementales…para vivir. Entonces responder con respeto a sus falencias y necesidades no es amor?
«Querido hijo….El día que me veas mayor y ya no sea igual que antes: Ten paciencia. Cuando comiendo me ensucie; cuando me cueste vestirme: Ten paciencia. Recuerda las horas que pasé enseñándotelo.
Si repito las mismas cosas, mil y una veces, no me interrumpas y escúchame. Cuando eras pequeño te expliqué mil y una veces el mismo cuento para dormirte.
No te molestes cuando me cueste bañarme. Recuerda las mil y una excusas que tenías cuando eras niño para no hacerlo.
Cuando en algún momento pierda el hilo de mi conversación, dame tiempo. Seguramente lo más importante no era lo que te decía sino estar contigo y que me escucharas.
Si alguna vez no quiero comer, no me fuerces. Conozco bien cuando lo necesito y cuando no.
Cuando mis piernas estén cansadas y no me dejen caminar, dame tu mano amiga. Como yo lo hice cuando tú dabas los primeros pasos.
Y cuando llegue a decirte que ya es hora de irme de esta vida, no te enfades. Algún día entenderás que esto no tiene nada que ver contigo, ni con tu amor ni con el mío. Simplemente que ya entregué todo lo que la vida esperaba de mí.
Algún día descubrirás que pese a mis errores siempre quise lo mejor para ti y que intenté preparar el camino que tú debías seguir.
No te sientas triste o enfadado o impotente por verme de esta manera. Simplemente acompáñame e intenta comprenderme como yo lo hice cuando tú empezaste a vivir. Ahora te toca acompañarme en mi difícil caminar. Ayúdame a terminar este camino con amor y paciencia. Yo te pagaré con mi sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido.
Te amo hijo.(Anónimo)”
